Ofrecen múltiples garantías. Por un lado, la garantía de los propios fabricantes de los equipos (que suele ser de 25-30 años para la producción de los paneles y 10-12 años para el inversor) y, por otro, una garantía sobre la propia instalación realizada por sus técnicos, que suele cubrir cualquier problema derivado del montaje durante los primeros años.